Cartelón que cada mañana me da la bienvenida poco antes de entrar al trabajo. ¡Lástima!

Una extraña manera de venderme un teléfono... en definitiva la publicidad qué pretende; llamar a la acción, invitarme a que compre, ¡seducirme! Y, qué persigue este mensaje, qué busca una familiaridad, colegueo... ¡Qué bueno! Que bueno saber que tengo un amigo cada vez que llamo a un servicio de atención, que bueno. Que buenas las compañías que velan por nosotros con mensajes tan fraternales y entrañables. Que la música me hace hablar, que la bebida nos une y alegra. Y qué decir de los coches, de los perfumes, esos que me harán sentirme deseada... ¡Oh...! mis suaves piernas, mis pestañas resplandecientes, mis ojos vertiginosos... ¡me he quitado 10 años incluso!

Que bueno parecerme más a la mujer, la del cartelón, que me dice que sea más feliz que no gaste... que no beba, que no corra, que COMPRE.